Reflexión en tiempos de confinamiento


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Reflexión en tiempos de confinamiento

La situación de estos días parecía un sueño del que despertaríamos con alivio. Sin embargo, lo que estamos viviendo es, sencillamente, real. Aunque a veces podemos pensar que quizá el orden es al revés. Y, el estado en que vivíamos antes de esta situación, era el sueño mismo y es ahora cuando estamos despertando a una realidad que estaba oculta tras una sensación de falsa seguridad.

Una actitud solidaria

A pesar de las imágenes que a veces vemos en televisión de algunos inconscientes, ignorantes, imprudentes (¿todavía dormidos?) vemos con admiración en el comportamiento de la mayoría, una actitud de aceptación y solidaridad que nos emociona por momentos.

En este contexto, somos conscientes de que habrá algunos de vosotros que podéis vivir momentos en que los estados psicológicos y emocionales se hacen difíciles (ansiedad, decaimiento, frustración, pensamientos rumiativos,…), lo cual es natural.

Todo esto pasará y las cosas no serán las mismas, y entendemos que nos veremos forzados a revisar muchas prioridades, muchos valores.

Separar lo valioso de lo superfluo

¿Sabías que la palabra “crisis” proviene de “krinein” que significa “separar”? Es decir, CRIBAR. Esto quiere decir que cuando afrontamos una crisis nos vemos abocados, queramos o no, a realizar una labor de criba. De separar lo que sirve de lo que no sirve, de separar lo valioso de lo superfluo o lo prescindible. Y lo haremos.

Y en ese esfuerzo os deseamos paciencia, serenidad, fortaleza y buen acompañamiento.

Para sobrellevar estos días, queremos contaros un episodio protagonizado por una mujer admirable, Margaret Mead. Una situación que nos parece de lo más inspiradora.

Una situación inspiradora: la primera señal de civilización

Hace muchos años, un estudiante le preguntó a la antropóloga Margaret Mead (1901-78) lo que ella consideraba ser la primera señal de civilización en una cultura. El alumno esperaba que Mead hablara sobre anzuelos, ollas de arcilla o piedras de afilar. Pero no.

Mead dijo que la primera señal de civilización en una cultura antigua era un fémur (hueso del muslo) roto y cicatrizado. Mead explicó que, en el reino animal, si te rompes la pierna, mueres. No puedes correr del peligro, ir al río para beber agua o cazar comida. Eres carne fresca para los depredadores. Ningún animal sobrevive a una pierna rota por tiempo suficiente para que el hueso se cure.

Un fémur roto que cicatrizó es evidencia de que alguien tuvo tiempo para quedarse con el que cayó. Trató de la herida. Llevó a la persona a la seguridad y cuidó de ella hasta que se recuperó.

“Ayudar a alguien durante la dificultad es donde comienza la civilización” dijo Mead.

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