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Pedir perdón: tan fácil, tan difícil


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Pedir perdón: tan fácil, tan difícil

  • Fecha25 enero, 2018

Como humanos que somos, estamos expuestos a cometer errores. Muchas veces esas equivocaciones tienen consecuencias para otras personas. Es entonces cuando debemos afrontar la tarea de pedir perdón o disculpas. Un acto tan sencillo en apariencia, pero que encuentra serias barreras a la hora de materializarse. Pero, ¿por qué?.

De niños se nos enseña a pedir perdón, pero muchos adultos se niegan a hacerlo, incluso cuando están -y lo saben- equivocados. Este tipo de reacción se suele definir como una cuestión de orgullo o de terquedad. Pero muchas veces esa incapacidad de decir “lo siento” esconde otros motivos más profundos. En realidad, muchas veces ese individuo está esforzándose por proteger una frágil percepción de su propio ‘yo’.

Qué duda cabe que el significado de la disculpa varía en función de las circunstancias. Por ejemplo, cuando chocamos con alguien por la calle, resulta más sencillo disculparse, porque no implica un cuestionamiento de uno mismo. Es, simplemente, una reacción cuasi espontánea y educada. Sin embargo, cuando entra en juego una mayor carga emocional -por ejemplo, cuando hemos discutido con una persona que nos importa- es más difícil.

Muchas personas entienden ese acto de contricción como una amenaza para su persona: si se les señala que han obrado mal, se lo toman como una insinuación de que es una mala persona. Es decir, generalizan el significado de su comportamiento a su personalidad. Por otro lado, para la mayoría de la gente, pedir perdón está asociado a un sentimiento de culpabilidad: las personas con un ‘yo’ frágil ligan las disculpas una sensación de vergüenza, que les hace sentir mal respecto a su identidad.

Por si fuera poco, estas personas no ven las disculpas como una ocasión para resolver conflictos interpersonales, sino que piensan que, reconociendo sus errores, el otro aprovechará la oportunidad para echarle en cara acusaciones y errores pasados. Además, con frecuencia temen que si piden perdón, tendrán que asumir plena responsabilidad, mientras que el otro quedará exento de cualquier culpa. Por último, estas personas suelen sustituir sus disculpas por explicaciones.

Y es que, cuando mirar dentro de uno mismo resulta aterrador, se suele delegar la responsabilidad en elementos externos.

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