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La amabilidad: una de las 8 actitudes del Mindfulness


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La amabilidad: una de las 8 actitudes del Mindfulness

La amabilidad tanto con los demás como con uno mismo es una actitud fundamental para favorecer el bienestar. Si el otro día comentábamos las 7 actitudes del Mindfulness, un buen amigo psicólogo nos aportó de forma prudente que quizás, nos habíamos olvidado de uno más: la amabilidad. Y es que la amabilidad está en la base de los tratamientos basados en el mindfulness.

¿Qué es la amabilidad?

Una de las formas más fáciles de definir la amabilidad es acudir a la RAE. Así, la RAE define a una persona amable como alguien digno de ser amado. Una persona amable es también alguien, complaciente y afectuoso.

De ahí que debiéramos tratar a nuestro entorno más próximo con máxima amabilidad. Sin embargo, el día a día, el trabajo, el estrés, la convivencia o la falta de autocontrol hacen que descuidemos la amabilidad.

Los beneficios de ser amable

Una persona amable posee empatía, humildad, paciencia, generosidad, respeto y, muy importante, el autocontrol emocional. La amabilidad nos hace reaccionar ante la adversidad: cuidar y proteger frente a luchar o huir.

Ser amable mejora la salud. Se ha demostrado que esta actitud reduce el cortisol, la hormona del estrés y favorece la oxitocina. Además, disminuye el riesgo cardiovascular.

La amabilidad garantiza el bienestar psicológico. Nos protege contra la ansiedad y estabiliza el estado de ánimo. Deja atrás nuestro carácter obsesivo.

El ser una persona amable nos ayudará a favorecer las relaciones con los otros. Diluye los ambientes hostiles y fomenta el espíritu colaborativo. Eso sí, no debemos pasarnos de amables y acabar siendo de bueno, tonto. Ante personas malhumoradas o que no nos están tratando bien, no te muestres amable. Hazle saber que no te gusta el trato. No hay que pecar de buenismo.

La amabilidad hacia nosotros mismos

Antes de poder proyectar la amabilidad hacia fuera, debemos ser capaces de ser amables con nosotros mismos. El mindfulness nos servirá para conocernos mejor y saber cómo de amables estamos siendo con nosotros mismos.

¿Cómo nos tratamos a nosotros mismos? Resulta muy común “reñirnos” a nosotros mismo por errores, momentos de bloqueo o malas decisiones. Sin embargo, no nos felicitamos por los logros o éxitos que tenemos.

La voz interna crítica es un proceso de pensamiento autolimitante, que disminuye la motivación y la iniciativa. Cuando se aprende a ser amable con uno mismo, ganamos en motivación que es el motor que nos ayuda a avanzar. La amabilidad intrínseca te hace más resistente al estrés.

¿Cómo ser amable con nosotros mismos? La conciencia amable

La aceptación

Parece sencillo, pero el primer paso suele ser el más complicado: aceptar conscientemente lo que ha pasado. Si estás pasando por un momento difícil, ponle palabras y acéptalo. Ayudará a que esa voz interior deje de ser tan crítica.

No estás solo

Para bien o para mal, no eres la única persona en el mundo que está pasando por lo mismo que tú. Este concepto se denomina humanidad compartida. A más gente le pasa y la vida sigue No merece la pena quedarte lamentando tu situación sin dar oportunidad a que ésta cambie.

Compasión y alivio

Se trata de traer toda la bondad de la que uno es capaz a ese momento negativo. La meditación y el mindfulness son recursos que puedes emplear para conseguir darte el alivio que necesitas. Y es que un buen conocimiento de uno mismo, nos ayudará a superar las situaciones externas negativas. Es el momento del “autoabrazo”.

Cambiar la actitud hacia uno mismo

Una vez aportado la amabilidad, se trata de incorporarla en tu día a día interno para evitar que estas situaciones se repiten. Una forma de poder afrontarlas mejor en el futuro. La práctica de la meditación ayuda a que en momentos del día a día nuestra mente sea capaz de reaccionar sin dejarse llevar por pensamientos negativos.

La amabilidad afectuosa: la amabilidad hacia los demás

Ser amable con los demás es mantener una actitud positiva hacia los demás. Se trata de sacar una sonrisa a los demás. En la sociedad en la que vivimos, las prisas, el estrés y la individualidad ha hecho que no reparemos a menudo en el otro.

A ser amable como casi todo en la vida se aprende. Es necesario prestar más atención a nuestro entorno, a las cosas que hacemos, a cómo las hacemos. Poner énfasis a lo que decimos y cómo lo decimos y a quién se lo decimos. Parar un poco nuestro ritmo para ver qué ocurre a nuestro alrededor y cómo podemos mejorarlo.

Podemos incorporar pequeños gestos a nuestro día a día que nos harán ir cultivando la amabilidad. Desde dar los buenos días en la oficina, a sonreír o a ceder el asiento a quien lo necesite en el transporte público. Pequeños gestos que irán cultivando nuestra amabilidad.

Aprender a conocer a nuestros seres queridos para saber no sólo como pueden sentirse, si no qué palabras podemos decirles para hacerles el día más llevadero. La amabilidad nos permite satisfacer las necesidades de otra persona por encima de las nuestras y hace que un encuentro se torne diferente.

La amabilidad es una actitud del Mindfulness que debemos cultivar tanto interna como externamente. Con ello, mejoraremos nuestro bienestar y reduciremos los niveles de ansiedad. Y tú, ¿qué haces para ser más amable?

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